¡Y el cántaro se rompe!
“Una colilla de cigarro más… un cenicero que va a reventar –ya no puedo más, no puedo más- la misma historia triste y sin final el mismo cuento de nunca acabar y la carcajada de otra madrugada…” Palabras más, palabras menos se repiten con frecuencia en mi cabeza cuando estoy colmada de tareas que ya se perdieron en mi agenda, el tiempo juega en mi contra, la demanda familiar me respira en el cuello y la seguridad de no cumplir impera. Escucho a mi jefe: ¡Pero delega, te ahogas en un vaso de agua! A lo que yo respondo: Si no lo hago yo, será un completo desastre. Esto se ha convertido en un círculo vicioso porque no delego, me paraliza el miedo, me hago un montón de preguntas, mi equipo me grita frecuentemente que no tienen el mismo nivel de responsabilidad que yo y entonces vivo presa en la oficina pidiéndole al reloj que no se desboque, a los correos electrónicos que se multiplican como la basura y la alarma que no deja de recordar el inicio de reuniones. Personas con este prob...